viernes, 5 de abril de 2013

El y ella

El amor se manifiesta de muchas maneras, podemos encontrarle en el sitio menos esperado, hallarle así al vuelco de una esquina. Los años me han demostrado que uno no escoge a quien amar, que es el corazón el que mágicamente te dice: "ES ÉL" y ya no puedes hacer nada. Esta es una pequeña historia de amor, ¿de que otra cosa me gusta escribir?, no recuerdo que me llevó a escribirla, simplemente fue un detalle y ZAZ!!! aquí está. Que la disfruten!!! Ahhh y agradezco los comentarios!!! ;)



Ella nunca imaginó que lo encontraría, a él, de la forma que lo hizo. Ella estuvo cerca de él desde hace muchísimo tiempo, y sin embargo no sabía que él existía, o tal vez le había visto alguna vez pero no de la manera en que comenzó a verle después. Y es que él era para ella todo un misterio, ella se preguntaba tantas cosas de su persona, él obviamente desconocía sus sentimientos. Ella comenzó a mirarle, miradas casuales, otras no tanto, él simplemente no notaba sus miradas, ella sentía en carne propia la indiferencia de no hacerse notar ante él, de ser invisible ante sus ojos.

Mirarle se convirtió en un hábito, en una religión. Ella descubrió su sitio preferido, el de él, que luego pasó a ser el de ella, pasaba tardes sentada en su "lugar estratégico" pues amaba mirarle de lejos. Así de esa manera le conoció todo. Sin embargo cuando estaban cerca, ella no le miraba, simplemente lo ignoraba, sentía vergüenza de estar al descubierto, ella ante él. Ella averiguó su nombre y le buscó en el directorio de correos, comenzó a saludarle de vez en cuando con la esperanza de que él respondería pero nunca lo hizo, ella supuso que no deseaba conocerla. Más ella no desistió de mirarle, a él.

Un día, ella, llegaba más temprano que de costumbre, y cuando se tornó a tomar el pasillo central, él venía caminando en sentido contrario, ella como siempre, se puso tan nerviosa y trató de ignorarle, más él le miró y en el preciso instante que pasó por su lado, le dijo: Buenos días!!!- y le sonrió, de las manos, las de ellas, cayeron los libros que traía, él le ayudó a recogerlos, sus miradas se encontraron finalmente por más de dos segundos y fue esta vez intencional. Sus manos se rozaron y comprendieron que sus miradas, la de ambos, no volverían a separarse jamás. El amor late ahora en un solo corazón compartido entre dos.

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