martes, 12 de mayo de 2015

Olvidar es madurar

A mi amiga Clau, que le ha tocado mucho en muy poco tiempo pero que al final el tiempo le ha demostrado que es solo él el que todo lo cura. ;) Espero te guste!!!

Hoy he vuelto a caminar por esas calles que a cada paso me recordaban a ti. He visto nuestros nombres en aquella vieja pared y he vuelto a frecuentar esos amigos tuyos que ya son mios también. Tengo que confesarlo, tenía miedo de volver porque esta vez es diferente, estás con alguien más, a quien le dices las mismas cosas que me decías y con quien seguramente destenderás esa que fue nuestra cama. Cómo cambian las cosas. Esa idea me torturó por mucho tiempo, pero puedo decirte que hoy no me interesa, hoy me siento liberada de ti y de ese sentimiento tan enfermizo que por un tiempo me hizo quererte.

No ha sido fácil, a veces siento una brisa fría en mi espalda y casi automáticamente te extraño, y sé que extrañarte no es lo mejor, eso lo tengo claro, pero es involuntario y a la vez contradictorio y me consuela pensar que he pasado por tiempo peores, como esos en que me nacían unas ganas locas de levantar el teléfono y decirte que me moría por besarte, pero me quedaba así, teléfono en mano con el dedo sobre el último dígito de tu número, dejando sobre ese número finito, la infinita duda de saber si tú también te morías por besarme, al menos antes, ya no naturalmente. Pobres números que no saben de besos. Y así pasaron los días, esperando tal vez tu llamada, o alguna señal de que podíamos arreglarlo todo. Esa llamada nunca llegó. ¿Será que perdiste mi número o olvidaste quien soy? Entonces fue tiempo de madurar, tiempo de decirme a mi misma que no valía la pena pensar en una persona que no piensa en mi, incluso llegué hasta borrar tu número de mis contactos por si alguna que otra noche vuelven esas ganas incontrolables de llamarte.

Hoy he vuelto a caminar por esas calles y pensé que sería más difícil, pensé que te extrañaría más, pero entonces me doy cuenta que ya en esa pared tu nombre está casi ilegible y que tus amigos ya no son tus amigos, se han vuelto solo mios. He vuelto a caminar por esta, tu ciudad y pensé que sería peor, pero ¿sabes qué? ya no me dueles, y todo lo que sentí alguna vez por ti queda escrito aquí, en estas letras que no mereces, lo sé, pero que serán las últimas. He madurado.