jueves, 10 de noviembre de 2016

Enamórate de ti


Enamórate de ti, sí, lo digo en serio, y tal vez pienses que te estoy hablando de ser egoísta, de dejar todo a un lado y creerte el centro del universo, pero no hablo de eso. Hablo de mirarte al espejo cada mañana y decirte a ti misma "Que linda amanecí hoy!!!", sin importar que estés despeinada y sin maquillaje, y sin esperar que alguien más te lo diga. Eres linda, tú lo crees y con eso es suficiente.


Enamorarte de ti misma para nada te hace un ser autosuficiente, cuando te amas derrochas seguridad y poder en tu persona, y cuando crees en ti misma puedes salir a comerte el mundo.

No puedes amar a alguien, no a full, si no te amas primero, ni nadie podrá amarte de verdad si no ve en ti esa pasión. Nadie creerá que puedes hacerlo si tu misma no lo crees posible. Todo siempre comienza por uno mismo.

Por eso enámorate de ti, mímate, hazte regalos, y no hablo de regalos materiales simplemente, sino también regálate momentos, sal, camina, encuentra nuevos lugares, házte fotos, descúbrete a cada paso. Lee, haz una lista de las cosas que te apasionan, llora de la risa, regala lo que te sobre.



Enamórate de ti justamente ahora, nunca dejes de hacerlo y siempre lleva esta frase como meta:




viernes, 23 de septiembre de 2016

El dolor de crecer



Crecer duele.
Crecer es la espina que amenaza desde que nacemos con romper esa burbuja que llamamos "vida".
Crecer es notar que tu alrededor cambia a una velocidad que asusta. Nunca el tiempo pasa tan rápido como cuando creces.

Nadie te advirte de este dolor, crecer duele, duele tanto como las despedidas inesperadas y eternas.
Duele como enamorarse de la persona equivocada, como duele ese golpe repentino y certero que llega sin avisar.

Crecer duele tanto como amar de más, duele tanto como morir.
Crecer duele, no lo hagas.

lunes, 9 de mayo de 2016

Jessy: segunda parte de su historia



No me gusta escribir cuando estoy triste, siento que lo escribo puede no llegar a sonar tan motivador como casi siempre intento escribir. Ayer una vecina nos dice que Jessy (aquella perrita que mi vecino había abandonado en la calle meses atrás y a la cual le dediqué un post hace un tiempo) estaba casi muriendo mientras vagaba por las calles de mi ciudad. Conciliar el sueño después de eso fue casi imposible, no podía sacar de mi cabeza la idea de saberla sola, enferma, sin comer y deambulando sabrá Dios en que parajes. Sé que como muchos me han dicho, tal vez quienes leen dirán: "vamos, que es solo un perro". Para mi son mucho más, son personitas de cuatro patas capaces de amar igual de intenso que un ser humano.

Ayer de tarde, mientras miraba desde mi balcón hacia la calle, la ví pasar. Salí corriendo a mi closet, me tiré ensima la primera ropa que ví y fui en su búsqueda. Cuando abrí la puerta ahí estaba, parada frente a mi puerta con la mirada casi perdida y gritando ayuda. Tal vez ella andaba también buscándome, tal vez más de una vez vino a mi puerta y no lo supe. Bendita casualidad de coincidir ésta vez. Con una desnutrición que asusta y una plaga de garrapatas que jamás imaginé ver en mi vida, así la acogimos. Acondicionar en casa a un quinto visitante no es tarea fácil, no obstante una casita hecha de madera y algunas tejas en la azotea se han vuelto su nuevo hogar.

Bañarla, alimentarla, vacunarla, limpiarla de esos cientos de bichos raros que le chupan la sangre y por último encontrarle un hogar son solo el comienzo de la nueva vida de Jessy. Al menos por ahora me conformo con verla en las mañanas cuando salgo del baño y asoma su cabeza por el borde del balcón. Me mira con sus ojos grandes, tal vez agradeciendo todo lo que hemos hecho por ella. Las segundas partes de las historias nunca fueron buenas, o al menos así reza un dicho en el argor popular, espero al menos que para Jessy, ésta, la segunda parte de su histora tenga un final feliz.

lunes, 22 de febrero de 2016

Atrévete a vivir



Alguien un día me habló de la vida y de su similitud con un sendero desolado. Me dijo que el camino no siempre es en colores, que a veces se torna en tonos de grises, y otras se vuelve tan oscuro que no podemos ver más allá que unos pocos metros. Muchas veces no existirán las fuerzas para caminar. Ese alguien me dijo que no sería fácil, incluso que el camino tendrá más espinas que rosas y que cada día antes de salir nuevamente a andar dedicaré mi tiempo a enmascarar los golpes y a pintarme con labial rojo una sonrisa en la cara. Me dijo que en el trayecto encontraré gente ingrata, pero también personas que ayudarán a sanar mis heridas. Me aseguró que muchos dirán que no puedo lograrlo, algunos me robarán las ideas y otros tantos saltarán al vacío conmigo, sin importar que suceda. Ese alguien me contó que habrá desconocidos que me roben una sonrisa fugaz y conocidos que me obliguen lágrimas más de una vez. Aseguró que sobrarán las despedidas y encuentros, que probaré el sabor de los sueños y alguna que otra vez también probaré el amargo sabor de las decepciones. Terminando añadió que al final del camino, me sorprenderé de cuan lejos he llegado, que ya las espinas no rasgarán mi piel y que caminaré del lado de esos, pocos tal vez, pero que fueron fieles a mi y a mis sueños. Ese alguien dijo que no todo sería fácil, ese mismo alguien dijo también que valdría la pena vivir.