martes, 8 de diciembre de 2015

Jessy: una amiga nueva

No se si será que tengo un imán para los perros o que algo en mis feromonas despliega algún olor especial que les hace pensar "ESTA ES DE LOS NUESTROS". Será que soy media tonta en cuanto a perros se trata. Solo sé que esta escena la he vivido una y otra vez y casi siempre el final es triste. 
 
La protagosita de estas lineas se llama Jessy, inicialmente era la mascota de mi vecino quien hace más de un mes la ha botado a la calle y a quien no le importa lo que a Jessy le suceda. No es la primera vez que mi vecino hace cosas como ésta. En casa, mi suegra a diario le ofrece agua y en las noches le bajamos comida. Me duele tanto salir y verla en medio de la calle mirando hacia el cielo, buscando nuestro balcón tal vez, en busca de comida, una caricia, un techo. Jessy se ha convertido en mi compañía camino al trabajo, tanto que todos infieren que es mia.Y cuando cierro la puerta de la entrada ella golpea el cristal con su pata como diciendo: "déjame entrar". Ahí se queda hasta que por aburrimiento o cansancio decide irse a Dios sabe que lugar. Ya en la tarde me espera en la entrada de casa, con paciencia y no sé quien de las dos se alegra más al vernos. Lástima que no pueda subirla a casa porque ya contamos con cuatro caninos (dos han sido recogidas de las garras del mismo vecino) y no podemos con un inquilino más. 

Hacía más de dos semanas que no aparecía, me preocupaba inmensamente su paradero, temí que la hubieran recogido esos que recogen a los perros abandonados, o algo peor que no quiero ni volver a imaginar. Noches y noches debatiéndome en la angustia de que había sido de ella. Ayer de regreso a casa, así sin esperarla ya, ahí estaba, junto a mi puerta, más flacucha y un poco sucia pero igual de juguetona. Cuando la vi la llamé por su nombre emocionada como quien llama a un amigo que no ve hace siglos. Alguien que caminaba cerca de mí pensó que había llamado a una persona a causa de mi euforia al verla, y terminó preguntándome: "¿Toda esa emoción por un perro?... No le pases la mano que seguro tiene garrapatas." No supe contestarle, aunque creo que con mi mirada fulminante le dije mil cosas. La acaricié, y ella me respondió cada caricia. Soy feliz con verla cada día, pero inmensamente triste por su destino incierto. Qué mezcla de sentimientos encontrados!!!

viernes, 2 de octubre de 2015

Huellas de un perro feo

No tengo mala memoria, quien me conoce lo sabe. Solo que engabeto aquellos recuerdos malos o tristes y acabo por enmascararlos como si los hubiera olvidado, así me creo que no ocurrió jamás. Tal vez sea parte de mi mecanismo de defensa emocional. Es entonces hasta que un olor, sonido o persona los desempolva y es como si viajara al pasado y viviera todo de nuevo.

Los que han visitado mi hogar se sorprenden de que tenga 4 perritas (tenía 5, una murió hace pocos meses). No siempre he amado a los perros, cuando era peque un ejemplar me mordió y llevo una marca considerable en unas de mis piernas, desde ahí me dije a mi mi misma que nunca pero NUNCA tendría un perro. Y entonces llegó Pepo Emilio Facundino, un nombre feo le puse y es que era un perro feo, pero FEO en mayúsculas, de esos que si hacen un concurso de perros feos él sin dudas se ganaba el primer lugar. Llegó a mi vida cuando estaba en la secundaria, era callejero, churroso, y hasta podría decir que sobreviviente de algún accidente porque arrastraba una de sus patas traseras.

En aquel entonces mi tarea principal era llevar a la escuela a mi hermana e irme para la mía que quedaba a unas cuadras de distancia, y en uno de esos días, así de la nada apareció y me siguió hasta donde iba. Qué clase de suerte yo tengo para eso!!! Y me siguió el día siguiente, y el otro, y el otro. El colmo era que dormía justo a la entrada de mi casa, cada vez que salía a la escuela ahí estaba fiel, esperándome, cual escudero. Me acompañaba en mi travesía, la gente me miraba extrañada de que yo tan limpia y peinadita, con ese perro tan feo y sucio. Hasta me busqué varios regaños en con mis profes porque se empeñaba en subir hasta mi aula. Aun recuerdo cuando una mañana en la formación para cantar el himno, él a mi lado por supuesto, la directora soltó en un grito: ¿y ese perro de quién es?. Yo que siempre he sido tímida, cuando aquello lo era mucho más, casi morí de verguenza. Fue gracias a una de mis amigas del aula quien se hizo pasar por la dueña que nadie supo que Pepo Emilio era mio, porque a esas alturas ya era mio verdad?

 Llegó el invierno, y me sentía mal por él que se quedaba bajo lluvia, sol y sereno en la puerta esperándome hasta el día siguiente y convencí a mi madre de entrarlo a la casa, al menos entrarlo hasta los bajos de la escalera, así que pasó de ser callejero a ser semicallejero. Dormía en casa pero durante el día mientras yo estaba en la escuela se la pasaba deambulando las calles. Eso sí, era muy puntual y muy inteligente, las veces que salía temprano de la escuela y me iba para casa de mis abuelos él me iba a buscar allí, no sé como lo hacía, pero así era. Las veces que se enfermó corrimos con él, lo bañamos, ya no era ese perro feo y sucio que conocí. Había días en que se desaparecía, y me preocupaba mucho, pero ya luego volvía, y yo me decía a mi misma que de seguro tendría una niña como yo en otro lugar de la ciudad, yo tenía un perro semicallejero y que para colmo no era solo mío, era compartido. Pese a todas esas cosas lo amé mucho, fue la primera vez que sentí amor por un animalito.

Un día salí de clases, y no estaba. Me lo imaginé desandando las calles como siempre hacía.Tampoco me esperó en casa de mis abuelos, cosa que me resulto muy rara. Mas pasó, un dia, y dos, y más de una semana y nada de él. Consternada comencé su búsqueda, nadie sabía nada, pregunté casi al borde de las lágrimas, pero no aparecía. Hasta ya casi dos meses más tarde es que una vecina me comentó que ella había visto a la brigada de Zoonosis cuando lo había recogido tiempo atrás de la puerta de mi casa. Corrí hasta la institución para reclamarlo, sentía que tenía que reclamarlo, allí me dijeron que había pasado mucho tiempo y que la reclamación tenía su periodo y que lamentablemente lo habían sacrificado al no contar con una persona que lo reclamara. Morí, no entendía como mi Pepo Emilio había sido sacrificado, ¿quién me acompañaría ahora? Fue muy duro volver a caminar por las calles sola de mano de mi hermana, sin ese ser pequeño que nos cuidaba como angel guardian.

Esa historia la tenía muy guardada en ese cajón, y no fue hasta hace poco en que reviví todo de nuevo. Hace unos días caminaba de regreso a casa cuando sentí unos chillidos de espanto y vi como recogían a todos los perritos callejeros que se encontraban en el Boulevard. Me quedé congelada, en un vacío inmenso visualizando en cada uno de ellos a mi Facundino, con una impotencia gigante de querer hacer algo y sin poder hacer nada. Preguntándome tal vez cuantos de esos animalitos que a veces andan por ahí sucios y flacuchos tienen al final del día un hogar donde dormir o simplemente alguien que les de el cariño que merecen. Cuanta gente que no les interesa ni le importa dejar botado a un perro en las calles, con todo y cuanto ello implica. Cuanto que cambiar. Mientras yo, acá, recordando a Facundino.

miércoles, 5 de agosto de 2015

La musa que habita en mi

Hace mucho que habita en mí un ser mágico, que revolotea en mi cabeza y me narra historias.

Mi musa es menuda y flacucha, vuela entre los remolinos de viento algo despeinada y gusta de retozar en cualquier charco de agua por lo que casi siempre anda agripada. Cuando no duerme se la pasa tarareando alguna melodía y si la descuido un poco me pinta arcoíris en cada rincón. Siempre trae en su manita derecha un puñado de polvo mágico para convertir el gris en rosa, y en la otra algún que otro chiste para sacarle una sonrisa a quien lo necesite.

Mi musa es un poco despistada (tal vez como yo). Llega así sin más, nunca avisa su visita. Se pasa la mayoría del tiempo enredada entre los hilos de alguna que otra telaraña alimentándose de los más golosos sueños. A veces voy en su busca, la pellizco intentando despertarla y me mira remolona con cara de pocos amigos, otras tantas tengo que ordenarle que duerma porque se inventa historias de todo lo que ve y escucha. Con su vocecita diminuta me susurra cosas que no entiendo, y termino por enloquecer entre tantas palabras desordenadas.

Entonces se molesta y deja de visitarme por un tiempo. Ella sabe que la espero entre las hojas de mis libretas o entre los post de este blog, más se hace de rogar. Pero mi musa es como esos buenos amigos que pueden pasarse largos tiempos sin aparecer y que siempre regresan cuando les necesitamos. Entonces la amarro a la silla con una cinta roja, le explico que tengo un blog y que es necesario alimentarlo a menudo, y que por su ausencia anda medio abandonado. Me sonríe y comienza a desbalijar esa papelera llena de escritos a medio hacer que siempre me deja en sus furtivas huídas. Y nos quedamos así sentadas una al lado de la otra, ella despeinada, yo con hambre de historias y es entonces y solo entonces, cuando me doy cuenta de cuanto la necesito.

martes, 12 de mayo de 2015

Olvidar es madurar

A mi amiga Clau, que le ha tocado mucho en muy poco tiempo pero que al final el tiempo le ha demostrado que es solo él el que todo lo cura. ;) Espero te guste!!!

Hoy he vuelto a caminar por esas calles que a cada paso me recordaban a ti. He visto nuestros nombres en aquella vieja pared y he vuelto a frecuentar esos amigos tuyos que ya son mios también. Tengo que confesarlo, tenía miedo de volver porque esta vez es diferente, estás con alguien más, a quien le dices las mismas cosas que me decías y con quien seguramente destenderás esa que fue nuestra cama. Cómo cambian las cosas. Esa idea me torturó por mucho tiempo, pero puedo decirte que hoy no me interesa, hoy me siento liberada de ti y de ese sentimiento tan enfermizo que por un tiempo me hizo quererte.

No ha sido fácil, a veces siento una brisa fría en mi espalda y casi automáticamente te extraño, y sé que extrañarte no es lo mejor, eso lo tengo claro, pero es involuntario y a la vez contradictorio y me consuela pensar que he pasado por tiempo peores, como esos en que me nacían unas ganas locas de levantar el teléfono y decirte que me moría por besarte, pero me quedaba así, teléfono en mano con el dedo sobre el último dígito de tu número, dejando sobre ese número finito, la infinita duda de saber si tú también te morías por besarme, al menos antes, ya no naturalmente. Pobres números que no saben de besos. Y así pasaron los días, esperando tal vez tu llamada, o alguna señal de que podíamos arreglarlo todo. Esa llamada nunca llegó. ¿Será que perdiste mi número o olvidaste quien soy? Entonces fue tiempo de madurar, tiempo de decirme a mi misma que no valía la pena pensar en una persona que no piensa en mi, incluso llegué hasta borrar tu número de mis contactos por si alguna que otra noche vuelven esas ganas incontrolables de llamarte.

Hoy he vuelto a caminar por esas calles y pensé que sería más difícil, pensé que te extrañaría más, pero entonces me doy cuenta que ya en esa pared tu nombre está casi ilegible y que tus amigos ya no son tus amigos, se han vuelto solo mios. He vuelto a caminar por esta, tu ciudad y pensé que sería peor, pero ¿sabes qué? ya no me dueles, y todo lo que sentí alguna vez por ti queda escrito aquí, en estas letras que no mereces, lo sé, pero que serán las últimas. He madurado.

lunes, 13 de abril de 2015

Sueño de una noche de primavera


Hoy me sentí sola. Anochecía y llovía a cántaros mientras caminaba por las calles de la Habana Vieja buscando no sé que cosa. Estaba sola, esta vez fui valiente y me fui a andar por esos lares sin compañía. Caminaba por la Plaza Vieja y de pronto me perdí, conocía los edificios pero las calles ya no eran las mismas de siempre, esas cosas raras que solo suceden en los sueños. Entonces te grité: "Musiiiii", porque tú eres la primera persona que llamo cuando cosas como esas me suceden, eres quien puede rescatarme cuando me pierdo entre las calles de la gran urbe.


Te llamé mil veces más pero no respondiste, seguí caminando hasta llegar a ese muro interminable donde alguna que otra tarde desahogamos las penas de algún mal amor o simplemente porque nos encanta ver la puesta del sol. Allí me quedé mirando el mar, pensando que tal vez tú en algun lugar estarías mirando el horizonte también, y el vacío que sentí no me gustó. Entre sollozos desperté. ¿Fue solo un sueño?- me pregunté.
Una mezcla rara de sentimientos me invadió, alivio porque no era cierto y  un terrible miedo de que algun día ese sueño se haga realidad.

jueves, 5 de marzo de 2015

Alguien

En este instante alguien está pensando en ti. Alguien tiene unas ganas inmensas de abrazarte fuerte hasta dejarte sin aliento, y en ese presiso momento que sientas que te ahogas, quiere darte un beso que te devuelva a la vida. Ese alguien quiere descorrer el cierre de tu boca y dejarte gritar tus miedos, liberarte, dejarte ser tú, mostrarte que vales. Alguien quiere regalarte un par de alas blancas y así de golpe darte un empujón y hecharte a volar. Alguien quiere tener contigo la mejor de sus noches, esa que no olvides aunque lo intentes y dejarte el cuerpo adolorido de tanto amar. Alguien de infinita paciencia y que no teme al tiempo está sentado esperando solo que chasquées los dedos para salir corriendo a tu encuentro. Alquien te pide que acortes la espera, que dejes de robarte sus noches y que no entres en sus sueños sin permiso. Alguien se niega a olvidarte, aunque tú no sepas de su existencia.

jueves, 29 de enero de 2015

Incertidumbre



Su historia no comenzó de la mejor manera, quizás no sea la más linda, o tal vez sea una historia de esas que se repiten a cada segundo en algún rincón de este planeta. No sé qué fueron o si aún existe algo entre los dos, tal vez sencillamente nunca han sido nada. Kilómetros que duelen y esos escasos días que se ven les dejan la boca con hambre de besos y las manos cada vez más vacías. 


 -         - No quiero que te vayas- le dijo ella mientras se aferraba a él como abraza un náufrago a su tabla salvavidas.

Se quedaron así por unos segundos sin separarse siquiera, con esa espina de saberse ajenos y con la terrible duda de no saber cuándo ni cómo se volverían a encontrar. Con un beso profundo e intenso, como si se les escapara la vida en ello se despidieron.

-         - No quiero irme.- él repondió, pero se fue…

viernes, 23 de enero de 2015

Sinceridad

Hola buen día para todos los que leen a esta musa. Por estos días he estado con mi hombro dispuesto para esas personitas que llamo "hermanas de la vida" y sus problemas de pareja. El tema central ha sido "la sinceridad". Buen tema para dialogar este viernes.


Empezemos definiendo ¿qué es la sinceridad?. No es más que la manera de expresarse directamente, sin rodeos ni fingimientos. Muchos la valoran como algo poco común o muy difícil de encontrar en una persona y es que la sinceridad implica el respeto por lo que se dice en consecuencia con lo que se piensa o se siente. Mas no siempre ser totalmente sincero nos lleva a un resultado positivo. No es sencillo serlo.

Al menos yo pienso mucho en las consecuencias que puede traer consigo dicha sinceridad. Pero, ¿por qué muchas veces sentimos que no podemos ser totalmente sinceros con alguien? ó ¿por qué puede llegar a molestarnos esa sincerdidad con que otra persona nos habla? A veces nos da miedo que nos digan esas verdades que llevamos a escondidas. Creo que siempre ser sincero implica ganar o en el peor de los casos perder. Y como en la mayoría de los casos no queremos perder o tememos a los cambios, digamos ese puesto laboral, una relación, cierta comodidad, etc, pues la sinceridad queda media disfrazada. Imaginemos por un instante que podemos ser sinceros totalmente y que ello no implique ninguna consecuencia. Sería ideal, llegar y que tu jefa te deje caer todas su lluvia de insatisfacciones sobre tu trabajo, en vez de estar hablándolas por los pasillos, o a su vez decirle a tu vecino que te mueres por él aun cuando está casado y su mujer es tu mejor amiga.

Sucede también que en ocasiones nos engañamos nosotros mismos, nos creemos que somos seres sinceros, y estamos muy lejos de llegar a serlo. Creo que aplicar la sinceridad es algo muy personal de cada cual, lo que si estoy segura es que aunque duela o moleste, es preferible para evitar males mayores. La pregunta final es: ¿ser sincero o no?, siempre arriesgas pero al final terminarás agradeciendo el gesto.

Recuerda:

Sinceridad no significa obligatoriedad de contarlo TODO, sino saber interpretar cuanto desea o no escuchar la otra persona.

Feliz viernes!!!!  :)