miércoles, 28 de mayo de 2014

Encuentro tardío


Hoy he vuelto a asomarme al balcón, sé que te prometí que no lo haría hasta que no volvieras, pero hoy siento una felicidad rara, una felicidad que se me disfraza de temor. Este día tiene algo de diferente que no se definir. Tu carta me ha llegado en la mañana, he vacilado en abrir el sobre, ha sido mucho tiempo sin saber de ti que al escuchar el llamado del cartero, un frio inmenso me ha recorrido de pies a cabeza. Esta guerra interminable me ha despojado de amigos, he visto morir tanta gente conocida, que es por ello que desde la primera semana que dejaste de escribir supuse que serías un número más en la lista de bajas del ejército. No sé qué significa esta carta,  un lugar marca el encuentro esperado por muchos años.

Ya es tiempo. Camino por las calles, solo unas pocas me separan del lugar en que por fin te veré. Me pregunto cómo habrás encontrado todo, han sido 7 años, es mucho tiempo, tantas cosas han pasado desde que nos despedimos en aquel andén. La biblioteca en la adorábamos pasar tiempo leyendo a García Márquez ahora la han convertido en el Café Literario de la cuidad, en ocasiones me tomó un café y me aferro a la portada de Cien años de soledad, será porque siento que la ojeamos juntos como aquellas tardes. Gabo ha muerto hace unos días ¿sabes?, pensé en ti y en nuestros planes de conocerle en persona, mis ilusiones han muerto con él.

Ha comenzado a llover, era lo único que faltaba para arruinarlo todo. Apresuro el paso, solo quedan pocos metros para verte y el corazón se me agita, me vienen a la mente cada uno de los momentos que pasamos juntos, cuando me gritaste en medio del parque central que me querías, y de aquella vez que la acomodadora del cine nos cogió haciendo el amor. Esa noche reímos tanto que pensé que moriríamos de tanto reír. ¿Qué locuras hacíamos verdad?

Estoy aquí, la lluvia ha cesado aunque de nada sirve pues estoy algo mojada, te busco con la mirada pero no te encuentro, sigues tan impuntual como siempre, no has cambiado nada, pero por esta vez no he de enojarme, tengo tantas deseos de verte que lo perdonaría todo. Debo confesarte que estoy nerviosa como nunca, me siento aquella niñita de secundaria básica que esperaba que llegara la hora del recreo para verte pasar. Tanto tiempo y aun cuantas cosas provocas en mí.

He dado varias vueltas, y así de la nada, te me apareces, vestido con tu uniforme azul, tan elegante luciendo dos estrellas doradas en cada una de tus charreteras. Nos miramos inmóviles, no dices nada, el momento no necesita palabra alguna, muchas veces el silencio dice más que un puñado de palabras. Te sonrío, no puedo creerte delante de mí, tú sin embargo, mantienes tu mirada estática, tal vez ya no soy ni tan joven ni tan bonita como hace unos años. Minutos mudos que vienen y van. Te tomo de la mano y te siento tan frio, te abrazo pero ni siquiera te mueves, te vuelvo a mirar, esta vez más de cerca y se me congela el rostro. No es azul tu uniforme y estás más alto, te desconozco, no eres tú, no eres mi Iván. Es tu ropa y tu cara pero no es tu olor, no son tus ojos ni eres tú. ¿Qué te han hecho?

A tus pies una tarja de mármol, y en ella tu nombre y el de muchos otros, mi temor por años es ahora una terrible certeza, tu nombre forma parte de los muertos en la guerra. No puedo evitar derramar una lágrima, he soñado tanto con tu regreso que no me perdono haya sido de esta manera. Hubiera preferido morir con la duda que tener que vivir con esta verdad. Debo marcharme, es tarde y la lluvia no tarda en volver a aparecer. No me despido, al menos podré verte cuando quiera. Esta vez cumpliré mi promesa, no volveré a asomarme al balcón.

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